El que espero toda la semana
Hoy uno de mis devotos me escribio que llevaba siete dias pensando en el ultimo set. Siete. Le hice esperar hasta la noche para responder, porque la paciencia es lo primero que aprende quien quiere estar a mis pies. Lo bueno se desea, no se reclama.
Me gusta esa sensacion: saber que alguien organiza su semana alrededor de algo que yo decido darle o no. No es vanidad, es orden natural. Yo arriba, ellos abajo, mirando. Mañana quiza le conceda una foto nueva. O quiza no. Depende de como se porte.
Tinta nueva, mismo trono
Pase la tarde en el estudio de tatuajes. Una linea nueva subiendo por el tobillo, fina, exacta, porque hasta el detalle mas pequeño que toca mi cuerpo tiene que estar a la altura. Mientras la aguja trabajaba pensaba en cuantos darian lo que fuera por estar simplemente cerca, en el suelo, observando.
Volvi a casa, subi los pies al reposabrazos y me servi una copa. Ese es mi lugar favorito del dia: descansada, intocable, sabiendo que ahi afuera hay quien sueña con un sitio a mis pies. Lo tendran si lo merecen. Casi nunca lo merecen.
Reglas antes que ruegos
Llegaron varios mensajes pidiendo, exigiendo, como si tuvieran derecho. Los borre sin leer el final. Aqui no se exige nada: se pide con la cabeza baja o no se pide. El que confunde mi elegancia con debilidad aprende rapido que se equivoco de mujer.
Luego aparecio uno distinto. Educado, paciente, agradecido por la simple atencion. A ese si lo tuve en cuenta. La diferencia entre mirar mis fotos y que yo te ignore siempre fue la misma: modales. Quien entiende su lugar, avanza. Quien no, se queda afuera, donde debe estar.